Una taza de café. Una
tostada rebosante de mantequilla. El aire fresco veraniego acariciando mis
mejillas. Leer un libro, noticias y opinión. Sonreír. Ser sonreído. Cruce de
miradas. ¿Me mira a mí? No creo que se haya fijado en un chico como yo.. ¡Pero
me ha mirado! ¡He sentido sus ojos! Ha sonreído conmigo. ¿Seguro que se ha
fijado en mí, no? Volveré a mirar. Me siento feliz. Curioso, por saber qué
estará pensado. Por saber algo más sobre ella. Lo que pretendía con esa
sonrisa, esa mirada. Se levanta. Coge sus cosas y se marcha. ¡Se marcha! ¡Sin
darme una explicación de qué quería! ¡Me deja aquí sentado con mis dudas!
¿Acaso no ha sentido lo mismo que yo? ¿Acaso no ha sentido el cruce de miradas,
las sonrisas que nos hemos devuelto? Me quedo con la duda, corroyendo mi cabeza
como ácido.
La brisa es demasiado fría. La mantequilla se derritió hace ya tiempo. La tostada está incomible. El café helado. Tendría que haberme levantado y haberla perseguido. Tendría que haberle hablado, saludado, preguntado. Me río de mí y conmigo. Ahora florecen muchos “tendría” y “ado”.. no me gustan. Pido la cuenta. Me levanto y me alejo de la cafetería en la otra dirección. No paro de pensar en ella. Siento que si recuerdo con fuerza su rostro, su pelo, su olor, podré volver a verla. Pobre de mí. Pero eso sólo lo sabe el camarero quien ha podido contemplar desde la barra lo ocurrido. Solo él sabe si volverán a sonreirse de nuevo, a cruzar miradas. Sólo él sabe si incluso volverán a cruzarse hoy mismo otra vez, o será dentro de un largo tiempo. Pero él solo es un camarero. ¿Qué sabrá él de todo esto? Solo sirve café y tostadas.
La brisa es demasiado fría. La mantequilla se derritió hace ya tiempo. La tostada está incomible. El café helado. Tendría que haberme levantado y haberla perseguido. Tendría que haberle hablado, saludado, preguntado. Me río de mí y conmigo. Ahora florecen muchos “tendría” y “ado”.. no me gustan. Pido la cuenta. Me levanto y me alejo de la cafetería en la otra dirección. No paro de pensar en ella. Siento que si recuerdo con fuerza su rostro, su pelo, su olor, podré volver a verla. Pobre de mí. Pero eso sólo lo sabe el camarero quien ha podido contemplar desde la barra lo ocurrido. Solo él sabe si volverán a sonreirse de nuevo, a cruzar miradas. Sólo él sabe si incluso volverán a cruzarse hoy mismo otra vez, o será dentro de un largo tiempo. Pero él solo es un camarero. ¿Qué sabrá él de todo esto? Solo sirve café y tostadas.
No hay comentarios :
Publicar un comentario