lunes, 10 de marzo de 2014

Siempre por la puerta grande

El de mi izquierda no para de escribir.
El de mi derecha también.
Los 3 estamos en la misma habitación de la oficina, mientras que el jefe vigila receloso por la ventana continua.

Ellos temen sus broncas. Yo las recibo con una sonrisa bobalicona y con mi cabeza en las nubes.
Ellos no paran de trabajar. Yo me paso las horas deambulando por Internet y vagueando por mi mente.

¿La diferencia?

A ellos les paga una miseria de sueldo. A mí ni eso.

Pero esto se acaba, señores. La semana que viene acaba este teatro empresarial. Dejaré de levantarme cuando aún no están ni las putas calles puestas. Puede que incluso me vaya antes. Como bien aprendí de mi padre: "Siempre por la puerta grande".

Con esto he aprendido a que el mejor jefe que voy a tener, voy a ser yo mismo.

¡Bae!